Enamorarse

Cap 1. A través del mundo agotado

Ella ponía, el resto en mi cabeza. Algunos platos en desuso, yo le seguía por rumbos. Los relojes hacían, enaltecer nuestros monólogos, de cuánto y qué poco, de qué mucho y qué hacemos sin el otro. Ya no corren los ácidos, los vulnerables, aquellos de vanos y cómplices teatros de espectadores necesitados. Hoy se inaugura nuestra obra, a canción de violines sonando, a tiempo indefinido durando, pues son cemento y tal vez hierro, tus abrazos a través del mundo agotado. Amenazan algunos tintes, otros tonos que dibujamos, pero qué tanto se aventaja lo que creamos, si elegir u olvidarlo, es tarea de juntos o no tomarnos de las manos. A la par, se conecta a lo largo, toda esa casual y cómplice verdad, ¿qué son los sueños si no se buscan alcanzar? Y el camino, de escribas que pretenden, cuando solo de las propias se crean las sílabas que nos comprometen. Nadie escribe por detrás del caballo, todos lo hacen por encima y andando.

Cap 2. Llegamos en botes

¿Qué son los ojos tristes? Aún así me alumbran y pienso, me detengo. Seduce tu voz, todas las palabras que suenan a decir y levantan un muro que no sabe mentir. Tus vidrios, bajan, orientan hacia el resto, te veo, nos vemos y llegamos en botes, por surcos que no conocemos. También, hay cruces, tu norte y sur, nuestro lejos y cerca ¿a dónde nos lleva? Basta con que digas y muevas las velas, soy ciego y pertenezco, soy tuyo y quiero serlo. Y únicamente, a donde se place el gusto, justo, con la risa esperando, respuestas en el umbral de momentos, en el fin y comienzo, yo río y tengo, un sueño a morir en tus besos.

Cap 3. Tiempos recordables

Minutos que crean, que abundan por ratos. Los reflejos imitan para volverse espejos. Así, todavía están presos, nuestros días amontonados,  en los tiempos recordables, en la fortuna apacible de mirarnos. Somos un complemento, juntos, no solos, para ahora y cada segundo, en tanto y cuanto, nos espíe el corazón pensando, nos obligue la mente enamorando. Y el diagnóstico, el verso que ocultamos, lo que tu y mi, lo de nosotros proyectado, palabras que forman, preguntas de iguales normas, todo en tus ojos se crea y se perdona

El tiempo que me lleva hacia allá


A las horas

Las flores del mantel, mi plato después. El resto es simple arcoíris, magia por doquier, una manzana en el edén. Se disfrazan las horas, las compañías más encantadoras, y sobra, siempre queda en bolsas, la expectativa y delirio, el auge nunca vencido. Pero me alcanza con que te alcance, con que sepas aún en el olvido que las reglas se crean y rompen sin sentido. En ollas vertemos, corazón y migajas, algunas cosas en latas y nuestra alma en lágrimas. Más solo agujeros que derrochan, encuentros del pasaje, amores del subte y el viaje. Estamos a media agua, por la cintura que nos ahoga los pasos, y me dices, y te digo ¿Cuánto cielo nos deben los prolijos? Nosotros, desprolijos, de camisas blancas ¿en dónde subimos? Pasaje del mundo, lejos a tus vidrios, no a los míos, en tanto creo en el destino de acercarnos a los deseos, pues son infinitos, motivos que placen y viven en nuestro recorrido. Llámame a las horas, celebra la historia, has leyenda sin méritos, que todo tiene del común sabor a lleno. Y apresúrate a huir, a caminar el día antes y cuando sonrías en recuerdos, que mi vida muere de vivir con reflejos, solo basta hundir tu si en mi puerta que no encuentro.

El tiempo que me lleva hacia allá

Lápices y algunas tintas

Los crayones marcan y se borran en el agua, el resto son lápices y algunas tintas, frescas o secas, el tiempo les pasa por sobre ellas. En tanto, pintas caminos que alumbran, aún sin lunas. Pero tengo el saber de tu sonrisa, en mis bolsillos, en mi memoria, y al menos eso hace asequible el mundo. De los sabios locos que intentan, de otros que buscan en esencias, el secreto que penetra, todas las magias impresas, que llevas y dejas, que contagias y elevas.

El tiempo que me lleva hacia allá

Sogas

Tengo sogas, no te apures, que los vidrios llaman. Además, concluye en algo, lo que agitan las horas que mueren y bajan.  Y vos sos el sol. Nos atamos, juntos, por tu falda, y no hablan. El día tiene más sogas que alumbran y amenazan.  Tus hojas ahuyentan el tiempo que transforma. Anuncian, despacio, para hallar caminos que huyan al más complejo accionar de noches sin sogas. Y vos sos la luna.

El tiempo que me lleva hacia allá

Luces que conectan

El poco ahuyenta, más necesito, más compadezco; en tanto querer, siempre quiero.  Son variados los contrapuntos, se echan al vacío, pero vuelven ¡cómo se siente!  Ahora irá decente, el aflorar  inconsciente y perder de repente; cualesquiera sea, he declarado mi guerra, la de astros que llegan, de otras luces que conectan, las más variadas densidades de mi sangre que lleva, algunas medallas impresas y otras rimbombantes melodías que esperan.

El tiempo que me lleva hacia allá

Punto rojo del corazón

De tu razón, en tu punto rojo del corazón. No llegues al medio, utiliza el centro. Por izquierda o derecha, sin saber, todos venimos. Sea tu elección un tren a diferente lugar, para aturdir y callar, otras voces, otros sentidos escurridizos. Y jugar, para siempre, una revancha sin ira para ganar. Tirando el crayón y lápices, no mueras sin el apoyo de los mediocres que no creen que podrás, la vida es un invento, lo que cuenta es lo que la gente siente en las calles, algo por olvido, otro tanto por necesidad, de una razón para vivir y disfrutar. Crecimos con el reloj en el cuello y el dinero en bolsillos con agujeros, no vacíes la mente sin olvidar, que algunos nunca aprendieron a escuchar. Y en tanta elección ¿qué es lo que vale más?

El tiempo que me lleva hacia allá

No por mí, sino por tus ojos que lo gritan y piden

Aún sigo respirando, aún fuera, en las lejanas afueras. Hay cansancios que siento, ninguno de caminar tengo. Soy caminante desprolijo, no soy héroe, más solo la tierra que piso marca el despotismo, de armar a gusto, las palabras que mejor elevan mi destino. Y sé que pronto estarás en otro tiempo, en la realidad que supone que todo estará bien, no por mí, sino por tus ojos que lo gritan y piden. Fueron raíz a complejos, desarme en orden de palabras sin sentido, y francamente en cajones todavía ellas mueren. Por cartas en los fondos, no hay razón para el próximo, se nubla mi pared y estoy perdido, soy libre, pero te necesito, cuando susurras antes de la vida y los compromisos.

El tiempo que me lleva hacia allá

Hojarasca por donde sea

Si al decir llego, y me hundo por méritos, pues quiero, ser barro y restos en tus suelos. Si existe algún consuelo, prefiero, trepar lo mudo y escuchar tu voz diciendo, cuán profundo puede ser un sentimiento. El tiempo no florece solo en jardines, se crea y evoluciona en los ojos que lo miran, en las manos hábiles que lo imaginan. Y tengo, hojarasca por donde sea. La suerte en frascos, espera las vueltas, algunas rosas en tus libros y  el resto es el coraje que escribe la historia, de cómo el amor no siempre sale invicto.  Si todo vuelve, dicen, los escribas que siempre del caballo a marrones, lo enaltecen. Entonces, ¿en qué pueden mis letras entretenerte? Si soy recuerdos o polvo, si en tanto, lo bello de mis ojos, dista del brillo hasta tu trono. Y tengo, hojarasca por donde sea.

El tiempo que me lleva hacia allá

Es entonces

Si supiera cómo decir, cómo mantener el estrépito con una canción, quizás sería más feliz. No hay sustancias mágicas que hagan vivir, mis condimentos son aire y otras purezas tales como verte reír. Es que no levanto mi mano por fuera de la ventana para sentir el viento, solo me dejo llevar, aún así, cuando el equipaje lleva fecha de vencimiento. Así, los despojos que nos debemos, tirar la suma al camino, no para que restemos, sino para el extra, que a veces perdemos. Y para jugar quiero, que todo dure como sueños, que el aire aquí sea testigo de mi discurso, que pronto hablen mis reflejos, y señalen, el horizonte a lo lejos, cómo una razón sacude lo justamente inmenso. En tanto, el resto sabemos que fluye, que funciona y protagoniza, que nos llama y nos envía, pero vuelve, como las horas ya no perdidas, como recordar las en vano vividas. Es entonces, de algún modo, cuando todo pertenece y crea, lo inmediato del presente, nuestra necesidad que transita las devociones primeras. Quizás no estamos listos, pero puedo atravesar el umbral incierto, el punto donde arde el auge aún desconocido. Y ya avisó el más allá de tus ojos, que somos espectadores, comediantes extras, y a veces, protagonistas, locos actores de escenas y nada que se venda. Auténticos, transitando la caricia, aún en el despejo de la raíz que aquí nos devuelve y aferra.

El tiempo que me lleva hacia allá

 

Inmortal

Caer al fin, poco después de enderezar el comienzo. De entremedio la raíz, de dónde proviene el resto. Juntos, todos eligen del árbol, llegan de pueblos, más allá de donde nace el viento. Sostienen banderas, y aquellas, significan otros ciclos, armarios de nuevos vestidos. Las mejores cosas comienzan en tus ojos, y puede que en mis guerras no encuentre consuelo mejor, que fallar y volver a tropezar, que levantarme y correr hasta donde estés, durmiendo, debatiendo qué se supone que es la revolución, de qué se trata saltar grietas y ser inmortal solo por una razón.

El tiempo que me lleva hacia allá

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